Hay lugares que no se entienden del todo desde la carretera. Tierras Altas es uno de ellos. Para conocer la comarca de verdad hay que entrar en sus caminos: los que conectaban pueblos, los que seguían los ganados, los que bajaban a los barrancos, los que subían a los altos y los que todavía conservan muros de piedra, pasos antiguos y señales de otros tiempos.
El Gran Sendero de Tierras Altas nació precisamente con esa idea: identificar, señalizar y poner en valor rutas no motorizadas del territorio, recuperando caminos tradicionales que unían las localidades de la comarca. El proyecto destaca especialmente las vías pecuarias y los caminos de valor histórico, social y patrimonial.
Caminar por donde antes se vivía
Muchos de estos caminos no fueron diseñados para el ocio. Fueron caminos de uso cotidiano. Por ellos se iba de un pueblo a otro, se movía el ganado, se accedía a huertos, molinos, fuentes, dehesas o zonas de labor.
Recorrerlos hoy permite mirar la comarca de otra manera. No se trata solo de hacer una ruta, sino de entender cómo se organizaba la vida en un territorio de pueblos pequeños, inviernos duros, ganadería, trashumancia y comunicación entre valles.
Caminos, cañadas y trashumancia
Tierras Altas conserva una fuerte relación con la trashumancia. La comarca fue tierra de ovejas merinas, pastores y vías pecuarias. Por ella discurre la Cañada Real Soriana Oriental, una de las grandes rutas ganaderas históricas.
En algunos tramos del GR-86, como el recorrido entre San Pedro Manrique y Yanguas, todavía se reconoce el trazado de antiguas cañadas y caminos ganaderos. El propio recorrido explica cómo estas vías conectaban con La Rioja y recogían ganados de pueblos del entorno del Cidacos y el Alhama.
Pueblos, despoblados y memoria
Una de las características más especiales de caminar por Tierras Altas es la presencia de despoblados. Algunos han quedado en silencio. Otros han recuperado cierta vida. Otros se conservan como memoria visible de una forma de habitar la sierra.
Vea, Peñazcurna, Villarijo, Buimanco, El Vallejo, Acrijos, Fuentebella, Torretarranclo o Valdelavilla son nombres que aparecen al recorrer la comarca. No son solo puntos en un mapa. Son lugares que ayudan a comprender la historia rural de Tierras Altas.
Una forma más lenta de viajar
Recorrer caminos antiguos obliga a bajar el ritmo. El paisaje no se consume deprisa: se interpreta. Aparecen muros de piedra, eras, fuentes, bancales, restos de molinos, iglesias, castillos, arroyos, huellas fósiles y pueblos que parecen colocados justo donde el terreno lo permitía.
Esa es una de las grandes riquezas de Tierras Altas. No hace falta buscar grandes efectos. Basta caminar, pedalear o detenerse a mirar.







